La Guía del Camino

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Deja lo que puedas, coge lo que necesites

Eran cerca de las seis de la tarde de últimos de junio cuando llegué a Santo Domingo de la Calzada, en La Rioja. Como en muchas otras ocasiones, no había plazas disponibles en los albergues para dormir allí esa noche (como sabéis, los peregrinos a pie tienen prioridad sobre los bicigrinos y además llegué tarde ;)).

Deja lo que puedas, coge lo que necesites

Entonces  pregunte en  una farmacia, a ver si me podían ayudar y la auxiliar me dijo que había un albergue en Grañón, a unos siete kilómetros siguiendo el Camino. Llamó al ayuntamiento del pueblo para preguntar si aún les quedaba alguna plaza en el albergue situado en la torre de la iglesia pero no contestaban. Aun así, me dijo que no iba a tener ningún problema porque siempre aceptaban peregrinos aunque estuviera completo. Tras despedirme continué la etapa (ese día no pude ver Santo Domingo como me hubiera gustado, en esa ocasión, aunque he tenido la oportunidad de  visitar más tarde este pueblo con tanto arte e historia).

Una hora después llegué a Grañón con mi bicicleta. Allí había unos peregrinos descansando en el jardín próximo al albergue parroquial. Subí a la planta de arriba y una hospitalera me recibió muy amablemente. Desde el principio me sentí muy cómodo, con un trato muy cercano.

Guardé la bicicleta en un cuarto y me duche rápidamente porque me habían invitado a cenar con ellos. Éramos alrededor de unos treinta peregrinos, la mayoría jóvenes. Me senté al lado de las dos hospitaleras. Una era de Bélgica y la otra de Madrid. Me contaron que el edificio donde está actualmente el albergue fue un hospital de peregrinos. Ahora lo atienden hospitaleros voluntarios que se turnan cada 15 días.

Lo que más me llamó la atención es que no dejaban fuera a ningún peregrino, si se llenaban los dormitorios se les alojaba en el coro de la iglesia. En este sentido, también me hablaron de cómo les llenaba personalmente el trabajo que realizaban, básicamente consistente en ayudar a los demás.
 
Ese día jugaba España en la Eurocopa y algunos peregrinos fuimos a uno de los bares del pueblo a ver el partido. También fue con nosotros la hospitalera de Madrid. Se sentó a mi lado y disfrutamos del partido con peregrinos alemanes, italianos, americanos… Parecía que todos los que formábamos el grupo nos conocíamos de siempre, una sensación parecida a la de estar con los amigos.

Al final ganó España y se clasificó para la siguiente ronda. Volvimos al albergue a descansar. No había camas, nos acostamos en colchonetas en el suelo, pero por la mañana muchos coincidimos en que fue una de las mejores noches que dormimos.
 
Después de desayunar tocaba la despedida. Fue uno de los albergues donde mejor me sentí. Hasta ese momento no conocía en profundidad la labor de los hospitaleros, que desde entonces admiro y recomiendo. Por todo lo relacionado con esta experiencia me sorprendió el letrero que había junto a la caja del dinero (donativos): “deja lo que puedas, coge lo que necesites”.

Después seguí el Camino con un pensamiento que no me abandonó ni siquiera cuando llegué a Santiago de Compostela y que tampoco me es ajeno a día de hoy: ayudar a los demás sin esperar nada a cambio.

 

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